martes, 12 de febrero de 2008

El Valor del silencio



No es majadero insistir en el escaso respeto que demostró el Gobierno ante las sensibilidades que por siempre van a estar presentes en los familiares de detenidos desaparecidos - y en todos quienes crecimos al calor de la verdad sin que fuese necesario haber perdido a un padre, una madre o un a hermano para sentir ese dolor – permitiendo que un soldado del Ejército haya llegado a ser general con el mudo recuerdo de cuatro compatriotas ejecutados ante sus ojos. Se trata de Gonzalo Santelices, otrora pelado raso que si bien cumplía órdenes bajo amenaza en 1973, fue capaz de forjar toda una vida vinculada a una institución que le entregó el “valor” del silencio. El agradecimiento público que hicieron personajes del oficialismo y la derecha al valorar su renuncia, sólo demuestra esa turbia manera de manejar ese concepto llamado moral. Se trata de políticos que aún oliendo el resiente mal olor del caso Santelices, son capaces de negar, o no hacer nada, por abolir aquella ley que no entrega libertad a los chilenos de elegir entre la vida civil o la militar. Y cuando hablo de los chilenos me refiero a ese sector que al carecer de estatus, apellido, contactos o educación, se quedan sin otro camino que el de “servir a patria”. No sé si Santelices se instala en esta larga lista, pero lo que sabemos todos es que 35 años después, el soldado deja voluntariamente el uniforme anunciando “Trabajar firmemente en el Ejército en pro de la enseñanza de los valores y principios". Esos mismos valores y principios que la Iglesia Católica impone cada vez que se inmiscuye en territorios políticos. Resulta a lo menos desconcertante que a días que intercediera por beneficios para la “Chepa” - conectándose por algunos instantes con el sentir mapuche – adhiera a declaraciones como las expresadas por el secretario general de la Conferencia Episcopal, monseñor Cristian Contreras, quien sin mayor problema comparó la situación vivida por Santelices, con la de prisioneros políticos que en cautiverio delataron a compañeros. Si un alto representante del clero es capaz de hacer un paralelo entre un militar que podría haber dejado su institución hace años por el peso de su conciencia, con la delación en la que incurrieron cientos de hombres y mujeres a punta de torturas y vejamen… quiere decir que esa cosa a la que le llaman moral… continúa viscosa.












Por Italo Franzani