
Sin duda, uno de los sucesos más importante acaecidos durante el 2006, la muerte de Pinochet dejó a pocos chilenos indiferentes.
Luego de años de largos e intríncados procesos judiciales que no llegaban a ninguna parte, de abandonar a sus lacayos en la cárcel para salvarse él y de asumir responsabilidades políticas que más parecían volteretas en el aire, Pinochet dejó este mundo sin que se le pudiera retribuir justicia por los crímenes cometidos durante su mandato.
Sin embargo, su muerte nos deja una lección, aunque sin moraleja: aún hay intolerancia en muchos de nosotros, pero por sobre todo, ignorancia: escuché que "gente" -o como se le pueda llamar a muchas de las viejas que estaban asandose afuera de la Escuela Militar- lanzaba huesos de pollo a la calle señalando "ahí están los detenidos desaparecidos". Golpe bajo. No se puede jugar así con el dolor ajeno.
Usualmente, los partidarios del golpe y por ende, partidarios de Pinochet, alegan -por que cabe decirlo, me gusta llevar la contra en cualquier cosa que genere discusión- en discusiones "que los comunistas esto, que los comunistas aquello". Y debo reconocer que la ignorancia me molesta, ni siquiera me atrevo a mencionar que Chile fue foco del complot internacional entre la CIA y la derecha para llevar al país al caos por no querer ceder ante un régimen al que había optado un pueblo por la vía democrática.
Pinochet, un joven de clase media, no muy avezado intelectualmente, pero si con voluntad, había sido rechazado en un par de ocasiones de la Escuela Militar. Algo parecido sucedió con Hitler de la academia de arte de Berlín, y miren que pasó. ¿Veo por ahí un patrón?
Con todo, de seguro los coletazos tras su muerte van a continuar: escuché que quieren llevar a Augusto III al parlamento, de seguro las viudas de Pinochet van a formar una suerte de grupo político para conservar su "legado", De la Maza, en otra genial iniciativa, quiere nombrar una calle como "Presidente Pinochet" -prometo que pegaré a diario un sticker que diga dictador- así como Nelson Avila quiere crear una escupidera en su honor.
Y la espiral continúa girando y los borregos siguen el ritmo, y los mismos gritos de ayer hacen eco hoy en día, y las mismas cosas que antes nos dividieron, nos dividen hoy, atrapados en un mundo bipolar del que nadie parece querer escapar.
Patricio Navia, cientista político con nombre futbolero, e igual de farandulero que un astro del balonpié criollo, señaló hace unas semanas que Pinochet ya no era tema. Pinochet está muerto, pero lo que es peor, ahora es un fantasma, y tiene esa cualidad eterea, como en un cuento de Dickens, de hacerse presente y traer lo peor de nuestro pasado al Chile de hoy, como un mono porfiado que no quiere terminar de desplomarse.
